Aunque vive en un curioso edificio circular que corona las alturas de Montmartre junto a su marido, el veterano director de cine Claude Lelouch, Valèrie Perrin ha preferido citarse en su editorial, Albin Michel, que desde hace una década la ha convertido en una de las autoras francesas más populares del momento. ‘Tatá’ (Duomo), su último éxito, que llega a nuestras librerías este 25 de agosto, ha elevado a un total de cuatro millones y medio de ejemplares sus libros vendidos en Francia. Plusmarquista del ‘best-seller’, es, sobre todo, una mujer elegante y apasionada que busca, y logra, dejar aparcada la incredulidad de sus seguidores con giros de guion que harían palidecer a Victor Hugo. Y todo a golpe de misterios familiares, sacrificios abnegados, ascensos sociales imparables y amores ocultos.
La sede del sello francés, que tiene a Amélie Nothomb como cabeza de cartel, se encuentra frente a la entrada del cementerio de Montparnasse, donde reposan Samuel Beckett, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Marguerite Duras -con su lápida sembrada de bolígrafos depositados por sus lectores- y Julio Cortázar. Perrin asegura sentir una atracción especial por los cementerios. No en vano, su anterior novela, ‘El misterio de las flores’, tiene un camposanto como localización. Esa pulsión necrófila prosigue con el original arranque de ‘Tatá’, en el que Agnés, una cineasta en crisis recién separada de su marido, famoso actor y protagonista de sus películas, debe acudir a su pueblo natal, Gueugnon, para reconocer el cadáver de su tía (Tatá es el apelativo cariñoso dado a las tías en Francia). Hasta ahí nada raro, si no fuera porque Tatá, su tía Colette, murió y fue enterrada tres años atrás. La protagonista -como los lectores que sigan las más de 500 páginas de la novela- deberá desenredar la enmarañada madeja de un misterio que acabará siendo transformador para sí misma.
Un grito en una piscina «Mi novela se disparó una tarde de verano en una piscina del extrarradio parisino que solemos frecuentar mi marido y yo; es un local tan antiguo que durante la Segunda Guerra Mundial los judíos tenían prohibida la entrada. Oí a un niño pequeño llamar a su tía. ‘Tatá’, decía a gritos. Ese día le dije a mi marido: sé quien será Tatá. Una mujer mal vestida y soltera que no ha tenido hijos, tímida y discreta, que guarda un gran secreto», explica la autora, que siempre debe tener un referente real para crear sus tramas. Trama que en este caso se extiende durante casi un siglo. «Me suelen preguntar si hago esquemas como los de los policías, que clavan con chinchetas las pistas en la pared, pero no. Lo tengo todo en la cabeza y siempre sé adónde quiero llegar».
Perrin asegura que esta es una de sus novelas más íntimas. La profesión de Agnés entronca con la de su marido, el popular realizador de ‘Un hombre y una mujer’, virtuoso de los planos giratorios -que hoy cuenta 86 años, 30 más que ella-, con quien Perrin ha firmado el guion de algunas de sus últimas películas. Y además la acción se sitúa en Gueugnon, la pequeña ciudad borgoñona de su infancia: «Todas mis novelas suceden en Gueugnon, lo que ocurre es que esta es la primera vez que lo he llamado por su nombre porque quería hacer un homenaje a los comerciantes, a las calles, a mis amigos, pero, sobre todo, quería hablar de esos lugares donde todo el mundo se conoce, generación tras generación».
La «riqueza» de la inmigración ‘Tatá’ no muestra una voluntad política explícita, pero sí hay en su propuesta una intención plural e integradora de las minorías del país, en un momento en el que el rechazo a la inmigración crece con la extrema derecha: «Crecí con amigos argelinos, portugueses, italianos y españoles que emigraron a Gueugnon para trabajar en la industria siderúrgica. Eso fue una gran riqueza para mí». También podría añadir aquí la condición de su marido, hijo de un judío francés nacido en Argel. «De niño y durante la guerra, como no podía ser escolarizarlo por ser judío, su madre se refugiaba con él en las salas de cine y así nació su gran amor por ese arte. De las 52 películas que ha realizado, por lo menos 15 de ellas hablan de la Shoah. Es una herida abierta».
Activista en favor de los animales, Perrin apoya la Fundación Brigitte Bardot porque «está haciendo una labor excelente en los refugios donde hay más dificultades económicas», aunque no comparta en absoluto las ideas políticas de la antigua ‘sex-symbol’. De momento, sus intereses se centran en el seguimiento del rodaje de ‘El secreto de las flores’, que firma Jean-Pierre Jeunet, el realizador de ‘Amélie’. «Mi marido está convencido que es el mejor director para hacerlo porque está muy próximo al universo de mis ficciones», asegura. Pero también piensa en su próxima novela, con la que se trasladará al sur, cerca de Marsella. «Será un homenaje a Marcel Pagnol, un escritor que adoro», dice. Y, cómo no, también habrá en ella un cementerio.
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