Cuenta Jaume Claret Cuxart que el punto de partida de su ópera prima, primera de las producciones catalanas que este año se presentan en la Mostra de Venecia fuera de concurso, son los viajes que hizo por Europa en bicicleta con su familia durante su infancia y su juventud, y que la idea de hacerla nació del recuerdo de los detalles. «No es una película autobiográfica porque, en cuanto empiezas a escribir, el relato se adentra en la ficción, y luego se acomoda aún más en ese territorio cuando los actores se incorporan al proyecto».
Homenaje a la educación sentimental que Claret recibió, nutrida de arte y de libertad, ‘Estrany riu’ cuenta el viaje de una familia que avanza en bicicleta siguiendo el curso del río Danubio y, entretanto, contempla el despertar sentimental del hijo mayor. Es, en todo caso, una obra menos interesada en desarrollar una peripecia argumental que en capturar atmósferas y sensaciones. «Como cineasta, creo que es importante encontrar un equilibrio para que el espectador no se note perdido pero que, a la vez, tampoco sienta que se le trata como si fuera tonto».
Una imagen de ‘Estrany riu’, de Jaume Claret Muxart / Elastica Films / EFE
Con esa actitud, afronta temas como la adolescencia, la identidad, las fricciones familiares y el despertar sexual de forma distinta a la habitual. «Soy muy consciente acerca de los clichés que imperan en el cine sobre la adolescencia, y quería mantenerme al margen de esa idea según la que la sexualidad es un conflicto», explica Claret. «Estoy cansado de ver películas LGBTI que hablan del trauma que supone salir del armario, y espero que quienes vayan a ver ‘Estrany riu’ estén dispuestas a dar ese cliché por superado. Me gustaría que los padres fueran a ver la pèlícula con sus sus hijos y luego la usaran como base para tener conversaciones. Para mí el cine es un espacio utópico».
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