En las escenas que se hacen eco en todo el sur de Europa, las islas Canarias de España sufren de una crisis de demasiados turistas: se proyecta que 18 millones visiten en 2025. En Tenerife, donde el turismo representa el 35% de la economía y que atrae al mayor número de fiesteros en su mayoría británicos, son turistas, no inmigrantes, que son vistos como una amenaza para una identidad local. A medida que continúan las protestas en todo el Mediterráneo, la gente local desahoga su ira por un modelo de turismo explotador, extractivo e insostenible. Pero, ¿todavía es posible cambiar de rumbo y los líderes políticos están escuchando?